lunes, 4 de agosto de 2014

Parte 5 (Ramírez)

Estábamos examinando los restos de robot que parecía de combate. En ese momento solo podía pensar en una sola cosa: ‘¿Qué demonios hacía un carguero tan grande perdido en medio del espacio transportando esta carga tan sospechosa?’

Estaba sumido en mis pensamientos cuando de repente escuché un ruido proveniente de por encima de nuestras cabezas. Apenas me dio tiempo a reaccionar cuando vi una sombra, más o menos de nuestra estatura, salir de una rendija y trepar por el techo solo para abalanzarse sobre Sergio.

En apenas 5 segundos le había alcanzado y desgarrado el hombro de un zarpazo. Eso me hizo reaccionar y sacar mi pistola y mi cuchillo. Un grito de Jericó me hizo saber que también tenía problemas por su parte.

Le pegué dos tiros a bocajarro, que provocaron que saliese un líquido verde fluorescente del hombro y cabeza del ser que tenía ante mí.

Al mismo tiempo que yo disparaba, otro ser muy similar al que tenía delante se abalanzaba otra vez sobre Sergio y le desgarraba el pecho.

‘¿Pero qué es esto? ¿Qué está pasando?’ No podía parar de repetirme a mí mismo mientras disparaba todo lo rápido que podía.

Cogí aire cuando por fin vi al ser desplomado sobre el suelo en medio de incontrolables convulsiones. Entonces fue cuando empecé a examinarlo de cerca.

Era parecido a un insecto, más concretamente a una mantis, aunque su cabeza era exageradamente alargada hacia atrás, tanto que acababa en punta. Tenía seis extremidades: cuatro a modo de brazos y otras dos a modo de piernas, todas acabadas en garras totalmente afiladas.

Su cuerpo estaba cubierto con algo parecido a placas naturales, que tenían aspecto más rígido. Su color era oscuro y mate, aunque con la oscuridad no sabría identificarlo.

El ser, de repente, movido por un espasmo, escupió un líquido esta vez amarillo fluorescente, que a los pocos segundos empezó a humear y a derretir el suelo.

Eso me hizo salir de mis pensamientos y correr en ayuda de Sergio, que yacía en el suelo sin conocimiento y con respiración entrecortada.

Lo cargamos entre Jericó y yo y volvimos en silencio hacia la cabina de mando. En algún momento escuchamos de nuevo ruidos en los conductos de ventilación y llevamos nuestras manos a las armas, pero nada pasó.


Ya sabíamos qué es lo que había matado a los tripulantes.