jueves, 17 de abril de 2014

Parte 2

-Yo creo que deberíamos ir- dije mientras mi boca se abría en un enorme bostezo.

Habíamos comenzado a hablar sobre el trabajo y hubo un momento en el que nos desviamos del tema y terminamos en mi habitación del motel de madrugada Jericó, Anna y yo arreglando la galaxia y contando batallitas mientras Ramírez roncaba. Mark dormitaba cerca de Anna y esta le hacía mimos en el pelo. No estaba muy atenta a la conversación.
Jericó me estaba contando algo de un trabajo en un planeta desierto, pero no lo entendía muy bien porque ya llevaba un par cervezas encima y balbuceaba. Así que volví al tema inicial.

- Claro bichejo, pagan bastante bien y parece muy sencillo- dijo Jericó mientras ladeaba la cabeza.

- Pues perfecto, porque nos acaban de mandar la confirmación- dije con sueño y haciendo una pasa para un bostezo de nuevo.- Deberíamos irnos a dormir.

Y de esta forma, acabamos en el puente de la estación orbital. Me alegró mucho ver junto a nosotros al chico sonriente de la entrevista, que se veía muy emocionado de nuevo; y un Crompter muy dicharachero. Parecía ser que todos nosotros seríamos la tripulación de la nave que se hallaba frente a nosotros, y en frente de la puerta de la misma, se hallaba un hombre que debía ser nuestro capitán. Se presentó como Capitán Morgan.

El capitán era un hombre algo mayor que el resto que la tripulación, pero no por eso imponía menos. Tenía el pelo algo cano, la tez oscura y unas manos fuertes. Todo indicaba a que se trataba de un piloto. Aunque tenía la peculiaridad de manejar un puro con una habilidad hipnótica y que movía en la boca conforme hablaba.

Nuestra nave resultó ser uno de los cargueros modificados. Su nombre era ‘La Sonriente’ y parecía que el capitán le tenía bastante apego.

Iba equipada con una enfermería algo pobre, aunque asombrosamente rápido el capitán consiguió un Quirófano de Campaña. También consiguió más armas a petición de Jericó y Ramírez y unos repuestos (en caso de emergencia) para la sección de ingeniería. Se veía que este hombre podía manejarse.

Después de un larguísimo día de comprobaciones en la nave (no nos fiábamos un pelo), estuve conociendo a mis compañeros en la sección de ingeniería: conseguí hablar con el inaccesible Mark y el chico sonriente me dijo que se llamaba Levon,  Me pareció alguien con unas enormes ganas de nuevas experiencias y su actitud me dio ganas de continuar el viaje. 'Nada va a salir mal' me dije a mí misma con nuevas fuerzas. Este chico sabe sacar la optimista que llevo dentro.

Despegaríamos a primera hora del siguiente día, así que todos acordamos irnos a dormir a nuestros respectivos alojamientos. Los viajes por el espacio son especialmente agotadores y son mucho mejor si se pasan dormidos, pero no es un sueño agradable ni mucho menos.

Al despertarme a la mañana siguiente sentí que el cansancio invadía todo mi ser. No tenía ganas de montarme en una nave, y menos estar tres meses en el espacio buscando un maldito carguero. ¿Qué le habría pasado a la nave?

Superándome a mí misma, me levanté de la cama de un salto y me fui a vestir con mi mono de técnico. Al menos tengo compañeros con los que pasar el rato.

Después de saludar a todos y del embarque, no recuerdo nada hasta nuestra llegada al campo de asteroides. Los saltos espaciales me dejaban especialmente K.O. Eran más de varios días buscando en un montón de pedruscos que podían venirse encima de ti en cualquier momento.

Durante las primeras ocho horas, el puesto de ingeniería lo estuvo cubriendo Mark, los sensores de detección Anna, a los mandos estaba el capitán y en nuestro caza mosquito se encontraba Ramírez.

Habríamos revisado unos 14 posibles puntos, cuando de pronto empezó a oírse revuelo en el puente. Empezamos a escuchar a Ramírez por el comunicador.

-¡May day! ¡May day! ¡Estoy perdiendo el control! ¡He chocado contra un asteroide! ¡MAY DAY! ¡MAY DAY!- conforme iba pronunciando cada, palabra se notaba más el nivel de su miedo e histeria.

Fuimos lo más rápido que pudimos hacia la sección en la que se encontraba y recogimos el caza. Cuando abrimos la carlinga del caza, el rostro de Ramírez estaba marcado por la angustia y el estrés. Estaba sudando a chorros y apenas podía articular una palabra, aunque apenas tenía un rasguño.

Aunque por otro lado, el ala derecha del caza tenía un boquete de considerable tamaño. El asteroide había impactado contra el ala del caza y la había destrozado.

-Arregladlo cuanto antes, necesitamos el caza.- dijo el capitán mientras se dirigía al puente de mando a comprobar que todo siguiese en orden.

Suspirando llamé a mis compañeros de la sección de ingeniería para que viesen nuestro nuevo problema. Estuvimos 4 horas trabajando sin parar en el caza revisando los sensores y sistemas auxiliares. Pero cuando terminamos no tuvimos un respiro.

- Mark, Anna y yo descansaremos- empezó a decir el capitán- Aïsha tú ocuparas los controles de la nave, Levon a la sección de ingeniería y Jericó a los sensores.

- Sí señor- dijo Levon cuadrándose de hombros. Jericó se limitó a asentir y a dirigirse hacia su sección.

-Pero señor…-comencé a decir- yo no sé muy bien…

-No quiero quejas, ingeniera. Aquí mando yo y no quiero que nadie me discuta- respondió cortante- y tú Ramírez, al caza.

En ese momento la cara de Ramírez empalideció, aunque obedeció al capitán sin rechistar. Yo me puse a los mandos de la nave a regañadientes. La verdad es que nunca había pilotado una de verdad, solo en los simuladores. 

Revisamos 3 puntos más sin novedad, aunque al  acercarnos al 4º punto hubo novedades.

-¡Hey, creo que ahí hay algo!- dijo Jericó desde los sensores- ¡Me parece que hemos encontrado la nave!

Había aparecido un gran punto en el radar, pero Jericó nos ha mencionado dos puntos. 'Qué raro' me dije para mí misma. Seguramente serían las horas del viaje.

-Recoge al caza y acerquémonos hasta contacto visual- dijo casi presa de la emoción el capitán.

No me extraña, eso significaba que el sueldo que nos entregarían se dispararía.


Parecía que habíamos rescatado la nave, pero no paraba de preguntarme por qué o cómo podía estar allí, en uno de los cuadrantes menos probables. ¿Y los dos puntos? Jericó casi nunca perdía la concentración. Algo no iba bien pero no terminaba de comprender el qué.